Hoy hay circo en mi pueblo. Hace un par de semanas han venido desde algún rincón del mundo un montón de payasos, de equilibristas, de prestidigitadores, de domadores de leones y de cabras… ha faltado la mujer barbuda, en mi pueblo, donde todo es guay, no hay lugar para la diferencia. Lo han llenado todo de carteles: los árboles, los contendores de basura, los puentes, los espacios reservados para carteles; constituyendo un claro ejemplo de civismo y de sensibilidad por la ecología. Por la tele incluso le han robado un pokito de protagonismo al ser sobrehumano de Fernando Alonso. Con su mejor cara, han intentado que durante estos días no pensáramos en ninguno de nuestros problemas. Han intentado que olvidáramos lo que vale un metro cuadrado y una hora de curro. Han intentado llenar las horas que pasamos esperando el bus, el tren o el metro, con fotos retocadas, sonrisas imposibles y frases vacías como a la espera de que las llenemos nosotrxs. No con un rotulador, está claro, eso es vandalismo. Esas frases vacías, parecidas a las respuestas de la pitonisa de turno, están vacías para que las llenemos con nuestras frustaciones, nuestros deseos, nuestras necesidades. Ellxs no nos conocen.
Hoy hay circo en mi pueblo. Es un circo interactivo. Las nuevas tecnologías lo mejoran todo. En este circo se puede escoger que payaso hace más gracia, que equilibrista es capaz de ensuciarse menos entre tanta mierda, que prestidigitador engaña mejor nuestro ojo, que domador nos doma mejor, porque nosotrxs somos las fieras.
Hoy hay circo en mi pueblo. La entrada es gratis, lo malo es que una vez dentro te intentan convencer de que no hay salida.
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